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Este blog está dedicado al proceso de indagación del grupo 204 del
curso-taller de Cultura Científica-Humanística I, del Plantel Casa Libertad de
la Universidad Autónoma de la Ciudad de México.


la moral; de origen cultural o de origen natural

| 11 jun 2009

La moral; de origen cultural o de origen natural.
Con el paso de los años la controversia en torno a la raíz cultural o natural de la moral ha originado un número considerable de obras. Sin embargo, sólo algunas han podido brindar argumentos sólidos que posibiliten el amplio posicionamiento de un punto de vista sobre otro.
No obstante lo anterior, poco debe sorprendernos la preeminencia que el argumento sobre el origen cultural de la moral ha alcanzado entre muchas personas. Menos aún cuando sabemos que el respeto o el quebrantamiento de la norma sólo se verifica en el ámbito social.
Es precisamente la actividad comunitaria como condición necesaria para el ejercicio de la moral, lo que ha originado planteamiento como el siguiente:
“La sociedad es el origen de la moral. Cada sociedad dicta las reglas que los individuos deben acatar para vivir en ella y son la defensa de la estructura social, que se vería quebrantada por el comportamiento desordenado de sus miembros cuando obedece únicamente a los intereses particulares. Las reglas morales representan necesidades sociales y colectivas, por lo que también son el origen del derecho, el cual aplicará la coacción y la pena, con el fin de que se cumplan las leyes.”(1)

Michael Tomasello, al hablar en torno a la importancia de la cultura como elemento determinante en la evolución de la especie humana, aunque no lo dice, deja entre ver el origen cultural de la moral:
“...Comenzaron a adoptar nuevos tipos de prácticas y organizaciones sociales, desde las ceremonias fúnebre destinadas a honrar a los muertos hasta la domesticación de plantas y animales. El resultado fue que, con el tiempo, algunas poblaciones crearon cosas tales como las instituciones formales de tipo religioso, educativo y comercial...” (2)
Pero esta explicable inclinación a conferir un origen cultural a la moral data de muchos años.
En 1893 Thomas Henry Huxley dio a conocer en Oxford, Inglaterra, su teoría mediante la cual, dice Francis De Waal, se afirma que la moralidad es un revestimiento cultural, una fina capa que oculta una naturaleza egoísta y brutal... además de que sólo podemos devenir morales oponiéndonos a nuestra propia naturaleza... (3)
A través de los planteamientos de De Waal podemos apreciar cierta semejanza entre Huxley y lo sostenido por el Marquez de Sade en su libro Julieta:
“Cuando se promulgaron las leyes, cuando el débil consintió en la pérdida de una parte de su libertad para conservar la otra, la conservación de estas posesiones fue indudablemente la primera cosa de la que deseó un agradable goce y el primer objeto de los frenos que pidió. El más fuerte consintió en leyes de las que estaba seguro de sustraerse: y estas leyes fueron hechas… Pero en ello no había nada de natural, nada que la naturaleza dictase, nada que ella inspirase. Todo fue obra de los hombres divididos desde entonces en dos clases: la primera, la de los hombres que cedían una cuarta parte para obtener el tranquilo goce del resto; la segunda, la de quienes aprovechándose de esta cuarta parte, y seguros de poder disponer de las otras tres cuartas partes cuando quisieran, consintieron en impedir, no en que su clase despojara al débil, sino que los débiles no se despojaran entre sí, paráis poder despojarlos a todos con más facilidad…” (4)

La teoría sobre el origen natural de la moral, aunque menos numerosa respecto a la que hasta ahora hemos visto, nos presenta una serie de fundamentos que desplazan con facilidad a los que sustentan el origen cultural de la moral.
Desmond Morri, en el Zoo Humano, plantea de esta forma la tendencia que ahora nos ocupa:
“El hecho de que el impulso cooperativo se reafirmara tan intensa y repetidamente constituye el milagro de la supervivencia civilizada. Muchas fuerzas actúan contra él y, sin embargo, nunca deja de retornar a la superficie. Nos agrada considerar esto una victoria de los poderes del altruismo intelectual sobre las debilidades bestiales, como si la ética y la moralidad fuesen una especie de invención moderna. Si esto fuera realmente cierto, es dudoso que nos encontráramos aquí para proclamarlo. Si no lleváramos en nosotro0s mismos el fundamental impulso biológico de cooperar con nuestros semejantes. Jamás habríamos sobrevivido como especie…” (5)

Con una dura crítica a Huxley y basado en un número considerable de bibliografía, De Waal fundamenta su convencimiento en torno al carácter natural de la moral:
“…La reciprocidad está también, evidentemente, en el centro de la Regla de Oro, que no ha sido aún superada como el compendio de la moralidad humana. Saber que al menos parte de la psicología que subyace detrás de esta norma puede darse en otras especies junto con la empatía necesaria, refuerza la idea de que la moralidad, más que invención reciente, es parte de la naturaleza humana.” (6)





1) Garzón Bates, Mercedes, La ética, CONACULTA, México, 1999, p.10.
2) Tomasello, Michael, Los orígenes culturales de la cognición Humana, Amorrortu, 2007, p. 11.
3) De Waal, Francis, Primates y Filósofos: la evolución de la moral del simio al hombre, Paidós, Barcelona, 2007, p. 30.
4) Sade, Marqués de, Julieta, Juan Pablos Editor, México, 1980, p.107-108.
5) De Waal , Michael. Op. Cit., p.77.

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